La privacidad en internet es un concepto que lleva algún tiempo de moda aunque no termina de convertirse en un asunto de preocupación real hasta que puntualmente afecta a la vida de algún personaje famoso y se termina convirtiendo en portada de informativos durante unas horas. Como en muchas otras cosas la privacidad solo preocupa cuando se rompe.

Está en la agenda de casi todos nosotros, sobre todo desde que nos advierten en las páginas web de nuestros derechos sobre las cookies, o cada vez que tenemos que publicar algo sensible en Facebook. Sin embargo nunca nos lo tomamos con la seriedad que el tema merece y esto provoca que muchas marcas tampoco respeten nuestra privacidad como merece.

Uno de los argumentos más repetidos es el de «yo no tengo nada que ocultar», que surge casi instintivamente cuando te plantean la posibilidad de que la NSA esté espiando tu correo, o de que Google lea tu correo electrónico para saber qué necesitas y ofrecértelo como una ganga irrechazable en forma de banner la próxima vez que habrás tu GMail.

No tengo nada que ocultar, no soy un terrorista… pero si un votante y un consumidor.

Y realmente es así, normalmente no somos delincuentes y nuestros pequeños secretos no van a desestabilizar la política internacional, pero ¿significa eso que debo obviar mi derecho a la intimidad? ¿dejarías a un comercial de una compañía escudriñar en los documentos personales de tu escritorio, en los álbumes de fotos de tu madre o en las cartas de amor de tu juventud para que te hiciera una oferta comercial más ajustada a tus necesidades?

Como ves no voy a echar balones fuera. Como profesional del marketing uno de nuestros principales valores es el conocimiento de nuestro público potencial: demografía, intereses, costumbres, relaciones, etc… Esto hace más preciso nuestro trabajo y probablemente sin parte de esa información sería prácticamente imposible realizarlo adecuadamente.
De hecho casi todas las herramientas indispensables hoy en día en el ordenador de un marketero giran alrededor de la recogida y análisis de datos de usuario para extraer conclusiones.

Sin mediciones no hay datos, no hay conclusiones, y por tanto no se puede mejorar nuestra actividad comercial.

Pero por encima de nuestras necesidades profesionales está el derecho que como internautas, como ciudadanos, tenemos todos a preservar nuestra intimidad, a que el gobierno, y mucho menos las marcas, buceen en nuestra vida personal y utilicen esa información para acercarse a nosotros de una manera más certera y sensible (política o comercialmente).

Si sigues pensando en que no tienes nada que ocultar te invito a ver el siguiente vídeo presentado por Alessandro Acquisti, profesor universitario de Sistemas de la Información en la Carnegie Mellon University, titulado «La importancia de la privacidad».
En él conocerás mediante recientes experimentos científicos cómo aspectos de tu vida absolutamente irrelevantes pueden afectarte en un futuro cuando son extraídos de tu círculo íntimo.

Quizás tu privacidad te dé igual pero ¿por qué perder el derecho a que no sea así?

 

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