Los Millennials, son aquellas personas nacidas entre 1981 y 1995 (aproximadamente) que se hicieron mayores de edad con el cambio de milenio, en una época de prosperidad, con hogares seguros y confortables, con títulos académicos universitarios y que hoy día son el objetivo potencial para marcas y vendedores.

Se trata de jóvenes que desconfían de los bancos y de sus hipotecas, que alargarán su adolescencia hasta los 40 años, que han conocido las cifras de paro juvenil más altas de nuestra historia reciente y que se sienten más fieles a si mismos que a las empresas para las que podrían trabajar, con lo que se espera que cambien entre 13 y 14 veces de empleo a lo largo de su vida.

Demandan mayor transparencia a instituciones y empresas, valoran las causas sociales y mediambientales y al mismo tiempo son fieles a las marcas con las que sincronizan como Google, Zara, Apple, Nike o Samsung.

Los millennials son la generación del «aquí y ahora» en el consumo.

A todas estas marcas les exigen el “aquí y ahora” en su consumo y se han convertido en el mayor instrumento de prescripción de nuestro tiempo puesto que utilizan de forma continua sus dispositivos electrónicos en movilidad para compartir con sus seguidores sus experiencias de usuario.

Esta fidelidad a las marcas combinadas con el factor de prescripción y con la tendencia de los millennials a utilizar exclusivamente el pago por tarjeta y online, llevan a algunos bancos importantes a proyectar que Facebook y otras redes sociales pueden ser una buena forma de llegar a estos consumidores. No en vano los jóvenes son los primeros que son conscientes de que la mayor parte del dinero en circulación tiene forma virtual (no hablemos ya de los ‘bitcoins’) y de que en la UE solo el 9% de la moneda en circulación es tangible.

Así que no puede sorprendernos demasiado que según las últimas encuestas sobre medios online el 53% de los millennials perdería antes el sentido del olfato que sus dispositivos tecnológicos. Parece que casi son ya una extensión de su propio cuerpo.

Como decíamos al principio esta generación se ha convertido en un atractivo objetivo para las marcas y estas han tenido que cambiar sus estrategias para adaptarse a una situación a la que no se habían enfrentado nunca. Ahora los receptores del mensaje son también emisores, en muchos casos con mayor alcance que la propia marca si además trabajan en equipo. Y todo esto en un contexto en el que:

  • Solo el 14% de la audiencia confía en la publicidad
  • El 93% de las decisiones de compra están influenciadas por los medios sociales
  • El 78% de los usuarios confía en las recomendaciones de otros usuarios

Si además tenemos en cuenta que de los más 200 millones de blogs que hay en internet aproximadamente, un 34% publica opiniones sobre productos y marcas, tenemos una radiografía bastante clara del cambio del estatus de la relación marca-consumidor.

¿Se han adaptado las marcas al modelo de comunicación de los millennials?

Algunas marcas han sabido aceptar este estatus y lo han aprovechado a su favor. Cada opinión es una oportunidad para mejorar y revalorizar su producto y así lo entienden. Tal es así que en ocasiones se ven obligadas incluso a variar sus estrategias publicitarias en la medida de una reacción desfavorable a la propia naturaleza de la campaña, viéndose obligadas a retirar anuncios de televisión, por ejemplo.

Otras sin embargo siguen pensando en caducos modelos unidireccionales y su presencia en internet no es más que una fachada que denuncia su inoperancia de forma continua y repetitiva. Abarrotan sus timelines de mensajes publicitarios, se apoyan trending topics para difundir su mensaje sin relación ninguna y terminan por convertirse en los primeros arrinconados por los millennials que manejan los medios sociales con mayor habilidad y naturalidad que sus ‘expertos’ en marketing online.

No solo  esto, plataformas y medios que en los últimos años han parecido ser la panacea, como Facebook, están cambiando hacia el consumo móvil (basicamente por las costumbres de estos Millennials) lo que varía notablemente la estrategia de acercamiento.
Aun peor (o mejor, según se mire) los millennials están migrando a plataformas como Whatsapp, mucho más personales.

Se trata de nuevo del principio de la evolución, no sobrevive el más fuerte sino el que mejor se adapta, ya han caido muchos grandes y seguiran cayendo más aun. Los pequeños empresarios tienen una gran oportunidad como la tuvieron hace millones de años los pequeños mamíferos frente a los grandes reptiles. Solo hace falta aprovecharla con los millennials.
Fotografía de portada: dolgachov / 123RF Foto de archivo

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