Hasta hace un par de años el éxito de un programa de televisión se medía en función de la cantidad de personas que lo hubieran visto. Tecnicismos como: sondeo, audímetro, share o rating eran frecuentes en las noticias que hablaban de grandes eventos televisivos como partidos de futbol, finales de Eurovisión o programas como Gran Hermano. La audiometría era un tema en boca de muchos.

Desde hace un tiempo ha entrado un nuevo concepto que es el share social

De alguna forma el share social mide la actividad en redes sociales de los espectadores de un programa de televisión y puede llegar a determinar el éxito del mismo.

Nos hemos acostumbrado a ver en la esquina de nuestras pantallas un hashtag de twitter invitándonos a compartir impresiones personales del programa de moda como una forma de contar con espectadores más implicados y aumentar la exposición del producto-programa. A veces con el gancho de que esos mensajes aparezcan en un faldón en la pantalla de tv y toda la audiencia se sorprenda con nuestro ingenio. El share social se incrementa con la participación cada vez mayor de sus espectadores.

Y la verdad es que desde el punto de vista del espectador sentado en su sofá la experiencia es mucho más completa. El bloque de publicidad que interrumpe el programa se ha convertido en un momento ideal para comentar la jugada en twitter y divertirte con las ocurrencias de otros espectadores. A veces casi lamentas que solo dure unos pocos minutos… por que ya no te da tiempo ni de ir al baño.

Ahora durante la publicidad o vas al váter o tuiteas, ya no da tiempo a todo

En definitiva lo que antes se hacía delante de la máquina de café en la oficina a la mañana siguiente ahora lo practicamos en tiempo real con nuestro móvil. Y las televisiones, encantadas con ello, han encontrado un nuevo factor de medición para decidir qué programas permanecen en sus parrillas. El efecto fan se multiplica, los ultras seguidores de Pesadilla en la cocina, Quién quiere casarse con…, Mira quien baila, La Voz, etc… han encontrado un altavoz mucho más generalista que lo que los foros online superespecializados ofrecían hasta ahora. Al mismo tiempo los detractores de un programa pueden aliarse en un mismo hashtag para unificar sus esfuerzos y minar un capítulo ridiculizando al presentador o, peor aun, al entrevistado-jugador-protagonista-concursante. Por ejemplo ser el cocinero del próximo restaurante de «Pesadilla en la Cocina» puede significar el final de tu carrera profesional a poco que seas descuidado con la limpieza y no domines perfectamente el castellano. El share social de un capítulo de este programa puede hundirte más rápido que el Tripadvisor y Foursquare juntos. Si encima el capítulo comienza siendo patrocinado comercialmente por «Don Limpio», te puede caer la del pulpo con la coña.

Algo que comenzó casi como una broma con tuitstars comentando películas o partidos de futbol se ha convertido en una tendencia comercial aprovechada por las cadenas generalistas que ahora lo miden como share social. Una forma interactiva de consumo televisivo que nos sigue llevando al modelo multipantalla.

Ver la televisión sin el movil será dentro de poco casi tan poco interesante como hacerlo sin sonido.

 

Fotografía de portada: wavebreakmediamicro / 123RF Foto de archivo

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