Llevo un tiempo advirtiendo un cambio en el paradigma de consumo televisivo. Desde hace ya varios años (cuando aun trabajaba en el sector y pensaba que sería así por muchos años…) comentaba con mis jefes que la tan cacareada TDT no dejaba de ser más que un quiero y no puedo de la industria: más canales, supuestas ventajas técnicas y un aire de modernidad.

Todo el ruido que se está creando en las últimas semanas respecto a las resintonizaciones y cambios de antena para poder seguir «disfrutando» de estas ventajas solo ha acrecentado las críticas y el ambiente enrarecido. Aquí sigue oliendo a chamusquina de negocio quemado.

Lo único que ha supuesto la TDT es un mayor número de canales pero la misma cantidad de contenido y una caída brutal de la calidad

 

Y como casi siempre pasa en las industrias que se están hundiendo, la necesidad del consumidor ha ido por otro lado. Los tiempos de la parrilla televisiva atada a un horario han pasado a la historia. Ya no tiene sentido pensar en que un programa que se emite a las 23:30h haya que consumirlo en tiempo real. Y menos sentido aun tiene pensar que 7 u 8 minutos de anuncios van a mantenernos fieles al programa cuando acaben.

En los últimos años algunos canales han comenzado tímidamente a lanzar sus aplicaciones para dispositivos móviles que permiten consumir sus contenidos de producción propia a la carta. No funcionan con la calidad deseada pero algo es algo.

Sin embargo las televisiones siguen sin hacer una apuesta clara. Diferencian entre móviles, ordenadores y pantalla de televisión y no permiten algunos servicios en algunos dispositivos. Por ejemplo no puedes navegar por la página web de una televisión para ver un contenido en directo desde el navegador web de un dispositivo móvil. En su lugar debes usar la aplicación propietaria que se descarga de la tienda de aplicaciones.

¿Tiene sentido poner barreras a un usuario que solo quiere consumir su producto?

 

Siguen sin querer darse cuenta de que su negocio son los contenidos, no los soportes. Siguen queriendo girar alrededor del totem que ha sido la televisión en nuestros salones durante los últimos 50 años y no se dan cuenta de que ya no hay una pantalla maestra, vamos saltando de la tele al tablet y del móvil al pc. Es el reino de la multipantalla, ¿por qué no hacerlo de una manera natural y fácil?

Recientemente he adquirido un Chromecast, un dispositivo que se conecta al televisor y permite enviarle contenidos del movil/tablet/pc para ser visualizados en la gran pantalla. Está especialmente concebido para sincronizarse con aplicaciones de Google como por ejemplo YouTube pero el universo de aplicaciones compatibles (oficiales y no) es cada vez mayor.
Es una forma económica de convertir tu televisior en una smartTV y un nuevo juguete con el que trastear.

RTVE, A3Media y Tele5 aun no han instalado una funcionalidad en sus aplicaciones móviles compatible con Chromecast (ni ningún otro dongle similar). No tiene ningún sentido pero por algún absurdo motivo no quieren que disfrutemos cómodamente de una televisión real a la carta sentados en nuestro sofa.

Lo del absurdo motivo (y es una forma de hablar) supongo que es una razón es publicitaria, de los anunciantes que no migran a la nueva plataforma. De nuevo una gran industria está sufriendo pérdidas brutales por no saber reorientar su modelo de negocio, como ya pasó con la música, la prensa y la industria editorial. Probablemente el gobierno termine sacándose de la manga algún impuesto para prolongar la agonía un poco más. Ya lo hemos visto antes.

¡Marketing marciano!
Una lista de correo sobre marketing online

 

Recibe los contenidos más atractivos para gestionar el marketing de tu empresa.

Te has suscrito correctamente ¡gracias!