Los horribles y tristes atentados de este enero en París están empezando ya a tener algunas consecuencias que muchos nos temíamos conocidos algunos cercanos precedentes.

Se ha reavivado la cuestión de la seguridad frente a la libertad, en este caso electrónica, como ya ocurriera en el Reino Unido en 2011.

Los mensajes que algunos de nuestros dirigentes europeos están lanzando son realmente inquietantes. David Cameron, actual primer ministro del Reino Unido, con unas inminentes elecciones en mayo, ya ha adelantado que si ganan los conservadores prohibirá el uso de Whatsapp, y todos aquellos servicios de mensajería electrónica que cifren los mensajes, en su pais.

Durante un par de años hemos estado criticando a Whatsapp por tener una pobre seguridad en sus comunicaciones y ahora resulta que esto va a ser su puntilla.

 

Mientras tanto en España, Rajoy ha advertido que quiere crear una ley orgánica sobre seguridad que permita detectar qué personas frecuentan webs yihadistas para hackear sus ordenadores y poder espiarlos sin una orden judicial.

Estas dos declaraciones son de una gravedad extraordinaria. Por una parte el gobierno británico está intentando quitarse de en medio a todos aquellos canales de comunicación que no sean espiables y cuyas empresas (sean del país que sean) no se plieguen a las peticiones del gobierno de turno.

En España mientras tanto quieren conseguir que sea legal espiar a alguien sin orden judicial en base a unas sospechas por su historial de navegación, que por tanto también dejará de ser privado.

Si alguien no percibe las similitudes orwellianas es que no es consciente de que estas tendencias nos pretenden llevar a una sociedad donde se manipule la información, se practique la vigilancia masiva y la represión política y social.

La interrupción de una forma de comunicación utilizada por los ciudadanos es un atentado a la libertad de expresión de estos, es censura, y no puede ser planteada por el Estado en ningún caso, o en caso de ser estrictamente necesario, bajo muy estrictos controles.

Enrique Dans

No deja de ser paradójico que un atentado contra la libertad de expresión que ejercía Charlie Ebdo pueda ser el detonante de un nuevo atentado contra la libertad de expresión pero por parte de los estados.

 

Como decía Benjamin Franklin:

Aquellos que renunciarían a una libertad esencial para comprar un poco de seguridad momentánea, no merecen ni libertad ni seguridad

Al final va a resultar que efectivamente no nos merecemos la libertad de la que gozamos puesto que el hecho de perderla en lo que se refiere a nuestro derecho a la privacidad y a la libertad de expresión en internet no parece ser un tema que preocupe mucho a nuestra sociedad que digamos.

Si no fuera así, estas noticias debieran haber levantado la misma polvareda que si a un gobernante se le hubiera ocurrido la peregrina idea de decir que iba a prohibir el uso de teléfonos móviles o poner un policía en nuestra biblioteca doméstica para saber qué y cuándo estamos leyendo en nuestra cama. Inimaginable ¿no? pues eso…

 

Fotografía de portada: Policía Nacional de los colombianos

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