Hablamos mucho de la privacidad y de los derechos de autor, pero ¿qué pasa realmente cuando subimos una foto (familiar o artística) a internet?
Lo primero que debemos advertir es que automáticamente y a efectos prácticos perdemos el control de la misma. A partir de ese momento será accesible para cualquiera (todas las barreras son franqueables) y aunque la ley nos proteja es muy difícil llegar a comprobar qué está pasando con mi foto y para qué la están usando.
Las empresas que venden imágenes tienen departamentos de especialistas que se ocupan de comprobar quiénes las están utilizando sin respetar los acuerdos de licencias y derechos, pero para el internauta medio esto es prácticamente imposible o nos llevaría muchísimo tiempo.
Por tanto la primera reflexión es que si te da miedo que la copien o la usen para algo con lo que no estás de acuerdo lo mejor es que simplemente no la subas.